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jueves, agosto 07, 2014

La ambigüedad de David Thomas Broughton

Los más viejos del lugar -si es que queda alguno que no haya tenido que huir a buscarse las castañas a algún lugar del extrarradio tipo Madrid, Londres o París- probablemente recordarán (o no), los dos conciertos que ofreció David Thomas Broughton en Valladolid. Uno de ellos fue en una librería (Rayuela, hoy cerrada) dentro de la segunda edición de Tónal, en el que compartió cita con Sr. Chinarro y en el que aprovechamos para presentar nuestro fanzine#1, ya agotado y que hoy se ofrece en E-bay a precios astronómicos.

El primero fue más absurdo aún. Fue un concierto invisible que a punto estuvo de no celebrarse porque no llegó el equipo de sonido que habíamos apalabrado. De aquella nos salvaron el culo la gente de Open Mic, con Javier Vielba a la cabeza, y gracias a ellos pudo salir el concierto adelante, con un ligero retraso de una hora, aproximadamente.


Se decía que DTB era algo así como el lugar en el que se encontrarían Matt Elliott (por eso de los pedales) y Antony Hegarty (por aquello de su delicada voz), pero esa bonita comparación saltó por los aires cuando David simuló que se le escapaba un descomunal rutio -eructo, para que nos entendamos-, y lo utilizó a modo de loop en la canción ante la atónita mirada del público, entre el que se encontraba el por aquel entonces director de lo que ahora se llama Fácyl.


Todo este rollo para contar que DTB vive ahora en Corea, que viene de cuando en cuando a Europa a tocar y que está en marcha un documental sobre él que está intentando llevar a cabo el ralizador Greg Butler. Como suele ser habitual, Butler pide ayuda vía crowdfunding para sacar adelante el proyecto. En este enlace explica sus motivaciones y también las diferentes recompensas que existen.


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