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domingo, junio 15, 2014

Colectivo Laika vs. Vetusta Morla

Fútbol podrá ser una tarde de lluvia y frío en el viejo San Mamés, pero fútbol 7 es un mediodía de calor sin aire en un campo de césped artificial al lado del Pisuerga a su paso por Valladolid, antigua capital de imperio. Tras año y medio intentándolo, por fin Vetusta Morla y Colectivo Laika se veían las caras sobre un terreno de juego en el que dirimir las disputas pendientes lanzadas en el ciberespacio. La culpa de esto la tienen Marxophone, Nacho Vegas y su gente y, por supuesto, Líbero. ¿Qué necesidad había de que ambas escuadras se jugaran sus lamentables físicos en pos de una hombría impostada? Estarían mejor en la cama, aliviando resacas y/o tomándose el vermut a las horas en las que lo hace casi toda la gente de bien.

En este punto conviene aclarar que no fue fútbol 7. Cuando alguien llega un domingo a las 12 de la mañana y ve semejante extensión de terreno se siente como Francisco Hernando contemplando la grandeza de su terruño en Seseña, sobre todo mientras escucha los lamentos de Álvaro B. Baglietto, que confesaba haber sido completamente engañado (“¡A mi me dijeron que era futbito!”). Así que, cónclave express, y el fútbol 7 pasó a ser un 8 contra 8, que habría hecho feliz a cualquier ultra nostálgico filonazi. El equipo local vestía de riguroso rojo laikuno, mientras los visitantes se repartían casacas negras –la tercera equipación de Laika (la segunda es rosa chicle fluorescente de Bang Bang [¿o era gang bang?])- y otras azules del FIB 2012 (¿acaso es mejor llevar el nombre de CR7 a la espalda que el de Bob Dylan?).

El equipo local tenía suficientes cambios en el banquillo, pero no así los visitantes, que tuvieron que recabar apoyos entre su público en su actuación de la noche anterior porque su batería estaba lesionado y Juan Santaner –fichaje extracomunitario- decidió desconectar el móvil. ¿Y Pucho? Pues prefirió ver el partido desde la grada animando con una vuvuzela. Sí, como lo leen: vu-vu-ze-la. Una puta vuvuzela. Nelson Mandela soportó años de cautiverio con estoicismo y vitalidad, pero fue aparecer la vuvuzela en el mundial aquel y se nos fue al nicho en cuestión de meses.  Aclarar que mientras los locales mantuvieron en secreto el lugar y la hora del partido para evitar que sus miles de seguidores acudieran a darles su apoyo, los visitantes lograron una nutrida “grada joven” armada de los dichosos instrumentitos que se dedicó a animar durante todo el partido. Por parte de los locales, la única torcida era la escoliótica espalda de su defensa central.

Los primeros minutos del partido fueron de tanteo, no tanto entre ambos equipos sino para escrutar los propios físicos (en algún caso, químicos), y eso a pesar de que Vetusta Morla habían estado entrenando previamente, saltándose clamorosamente uno de los principios más elementales de estos partidos: no se entrena. El otro es: nada de vuvuzelas, joder. La primera ocasión clara fue para los locales: Federovich se fue raudo y veloz cual córcel desvirgado a puerta, pero en el mano a mano frente al portero, tiró el balón fuera. Poco después llegaría el 1-0, un tanto churrigueresco a cargo de Popov, pero gol al fin y al cabo. El carril derecho del ataque visitante concedió un córner, y un error en el marcaje del defensa central local otorgó el 1 a 1 en el marcador, a cargo de Gravesen. Fue un espejismo, Federovich de un lejano disparo desde Corcos del Valle ponía el 2 a 1, y poco después, el magistral defensa central local se desquitaba del error previo robando limpiamente un balón en su área, conduciéndolo con clase por todo el campo hasta llegar el área rival, amagando a un lado como Laudrup, y cediendo al otro el balón a Federovich para que hiciera el 3 a 1. Podía haber sido el principio de una humillación histórica, pero no.


Los visitantes no se rendían. Guille Galván y Jorge González evitaban que el equipo se fuera a la deriva manteniendo el orden atrás y lanzando ataques aprovechando que el carril derecho en una autopista hacia el cielo, pero al llegar al marco los jodíos perdonaban más que Michael Landon. El equipo local siguió apretando y un disparo, de nuevo de Federovich, se topó con el palo (el de la portería, no iba por nadie), que evitó el 4 a 1. Pableich y Kikov también se toparon con el palo (¿o fue con un espejo?)  y lo que podía haber sido un 7 a 1 se esfumó en cuestión de minutos. Poco después, en una jugada aislada, el vetusto equipo colgó un balón al área que caía lentamente desde el límpido cielo castellano. Tan lentamente, que hubiera dado para al menos dos temporadas de Oliver y Benji. Ante ese balón, el portero local se sintió como Iríbar, o como Lev Yashin, o como Pfaff, ¿o era como Bufón? Bah, qué más da. Ante tanta duda, optó por sentirse como Casillas, dejando que el balón se le escapara de las manos y propiciando el 3 a 2 en el marcador.

En el ecuador del partido, Vetusta Morla tuvieron una baja por lesión, pero providencialmente llegó al tiempo que Juanma Latorre entraba en el  recinto deportivo. Ante la lesión, Juanma sintió los colores y no tuvo atisbo de duda: se fue a la barra, pidió una Mahou y se unió al grupo de las vuvuzelas. Hubo parón en el encuentro y, gentilmente, los laikos cedieron a Manu(prima)donna a Vetusta Morla. Podían haber cedido al amiguito Pacovich, que llegaba de empalmada tras haber desayunado chupitos de Ruavieja (de hierbas, eso sí, para mimetizarse con el campo) o a Kikov, cuya piel se iba haciendo más y más transparente según avanzaba el cronómetro. Manu(prima)donna, que en su paso por Laika estaba más como el mítico 10 argentino, fondón y farlopero, se transformó en el lado de Vetusta Morla y empezó a jugar... ¡¡y a pasar!! En otra jugada aislada, en un mano a mano con el portero, pateó la mano de éste, fisurándole el dedo, y, en vez de pitar falta, puso el empate en el marcador.

El empate dio paso a momentos de dudas y nerviosismo en el equipo local. Jorge González lanzó un potentísimo disparo desde fuera del área que iba directo a la escuadra, pero Germenovich, decidió adoptar esta vez el papel de Diego López y despejar el balón a corner. Aunque poco después, en su particular juego futbolero emulando a Mística de X Men, se transformó en el Arconada de la final de la Eurocopa del 84, y un balón blando se le escapó de entre las manos. 3 a 4 y 5 minutos en el marcador. Los locales se encomendaron a la épica, cuales Sergio Ramos en Lisboa, y se lanzaron al ataque. En el último suspiro, Popov logró el empate de tiro cruzado. El resultado dejó mal sabor de boca en ambos bandos. En los visitantes, porque tres minutos menos y hubieran logrado la victoria, mientras que para los locales el resultado quedó corto por no haber sabido plasmar su mítico tiki-traka.

Habrá revancha en Madrid. Tal vez dentro de año y medio. Lo mismo hasta Marxophone, Líbero y Él mató a un policía motorizado tienen arrestos para acudir al recinto armados con vuvuzelas.


El Crack:
Federovich: Anotó dos goles y supo mantener a Laika en los momentos de zozobra.

El Dandy:
Guille Galván. Hay que reconocerlo: tiene clase el jodío. Puso orden y equilibrio entre los vetustos y de sus botas salieron las jugadas claves de su equipo.

El Duro:
Pucho: sus agresiones sónicas desde la grada convierten a Pepe y Busquets en serios candidatos para los premios Príncipe de Asturias, ¿princesa de Asturias? ¿Principado de Asturias? ¿De Leonor con amor?

Vaya día:
Gertrovich: sí, a pesar de que se comprara guantes de portero para la ocasión lo suyo sigue siendo el baloncesto (o la petanca).